¿Alguna vez has visto a un político resolver una avería sin pasarte a ti la factura del fontanero?
Yo tampoco.
Resulta que el Lehendakari se ha levantado hoy con ganas de hacer equilibrios en el alambre del Parlamento.
Por un lado, confiesa lo que todos sabemos y nadie en Ajuria Enea quería admitir en voz alta: que Euskadi lidera el ranking de absentismo laboral de todo el Estado.
Básicamente, que aquí la gente falta al curro más que en ningún otro sitio.
Y mientras las persianas de los negocios echan humo intentando cuadrar turnos, su gran propuesta para compensar el descosido es inventarse un «SMI vasco» por las nubes y «sin líneas rojas».
Brillante.
Piénsalo despacio, porque la broma tiene miga.
El Gobierno crea el caldo de cultivo perfecto para que producir cueste un ojo de la cara y faltar al puesto salga a cuenta.
Y luego, para arreglarlo, convoca a sindicatos y patronal a un «acuerdo de país».
Traducción simultánea del lenguaje político a la vida real:
Reuniones con catering pagado, fotos institucionales, discursos grandilocuentes sobre el «arraigo del talento»…
Y al final de la fiesta, otra subida de costes que no saldrá de los presupuestos oficiales, sino del menú del día de tu bar de abajo, del precio de tu barra de pan o de la nómina del autónomo que ya no llega a fin de mes.
Porque cuando los políticos juegan a fijar salarios por decreto mientras baten récords de brazos caídos, nunca pagan ellos.
Pagas tú.
Siempre tú.
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