¿Alguna vez te has preguntado por qué tu nómina mengua cada mes mientras las carreteras parecen un campo de minas?
Yo te lo digo.
No es mala suerte.
Es que alguien ha decidido que tu esfuerzo rinde mejor fuera de tus fronteras.
Resulta que mientras tú haces malabares para pagar la cuota de autónomo o cuadrar el mes, desde los despachos de la Moncloa y los ministerios del Gobierno central han encontrado un destino fascinante para tus impuestos: Marruecos.
Cientos de millones de euros.
En regadíos de última generación, en infraestructuras, en seguridad fronteriza que luego gestionan a conveniencia, e incluso en trenes y modernización que ya quisiéramos oler por aquí.
Firmado, autorizado y transferido por Pedro Sánchez y su gabinete sin despeinarse.
Con el aplauso cómplice de todos los socios de investidura que tragan con lo que haga falta en Madrid para no perder su trozo de tarta.
Ahora mira a tu alrededor.
Pídeles explicaciones cuando los trenes de Cercanías se averían dos días por semana y te dejan tirado yendo al trabajo.
Pregunta por qué las ayudas para los afectados de la DANA llegan a cuentagotas, tarde y sepultadas bajo una montaña de burocracia infame.
Pregunta por qué Ceuta y Melilla están colapsadas, abandonadas y asfixiadas económicamente.
Para eso nunca hay margen.
Para eso «los presupuestos están muy ajustados».
Para eso te dicen que hay que apretarse el cinturón por el bien común.
Qué bien común ni qué leches.
El dinero público no es del viento.
Es el sudor de tu frente, el tiempo que no pasas con tu familia y las horas que metes en el negocio.
Ellos deciden invitar a la fiesta con tu tarjeta de crédito, y a ti te dejan la factura y la resaca.
Si todavía crees que tus impuestos están para cuidar de lo tuyo, despierta: eres el cajero automático de quien no te debe nada.
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