¿Alguna vez te has retrasado un solo día en pagar el recibo de autónomos o la cuota a la Seguridad Social?
Pruébalo.
Al día siguiente tienes un recargo automático del 10% o el 20%, una notificación fría en la sede electrónica y la cuenta temblando.
Nadie te pregunta si tu hijo se ha puesto malo, si un cliente no te ha pagado o si este mes no te llega ni para levantar la persiana en Bilbao, Donostia o Vitoria.
Para ti no hay piedad. Hay algoritmo, cruce de datos implacable y embargo en cuenta antes de que te tomes el café.
Pero resulta que, si eres una aerolínea chavista como Plus Ultra y necesitas 53 millones de euros de dinero público, la cosa cambia de color.
Acaba de admitir la Tesorería General de la Seguridad Social ante la Audiencia Nacional que el certificado que decía que Plus Ultra no tenía deudas… «lo firmó un robot».
Sin que ningún funcionario lo revisara. Sin supervisión. Un software que estampaba la firma digital de un alto cargo por arte de magia para despejar el camino a un rescate millonario.
Y mientras tanto, ¿qué pasa aquí en Euskadi?
Nuestros políticos de despacho, esos que luego se llenan la boca hablando de «autogobierno», «blindaje fiscal» y «gestión ejemplar», tragan con todo y siguen apretándote las tuercas.
Te exprimen con las Haciendas Forales, te suben las tasas, te asfixian con TicketBAI y vigilan hasta el último euro que entra en la caja de tu taller o tu panadería.
Para el currante vasco, la digitalización sirve para perseguirte hasta el milímetro y desplumarte en piloto automático.
Para los amigos del poder, el robot es la coartada perfecta para repartir millones ajenos y lavarse las manos cuando los pillan.
Si no pagas tú, eres un delincuente fiscal; si regalan ellos tu dinero, la culpa es de la máquina.
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