EL IMPUESTO REVOLUCIONARIO DE LA VPO

¿Por qué construir en Euskadi cuesta el doble y quién paga la factura?

¿Dime una cosa: si abres un restaurante y el Gobierno te obliga por decreto a regalar cuatro de cada diez menús a precio de coste… qué haces con el precio de los otros seis menús para no quebrar?

Exacto. Los subes hasta las nubes.

Pues eso es, resumido en una sola frase, el gran truco de la vivienda en el País Vasco.

Los políticos de Vitoria y los ayuntamientos se cuelgan medallas hablando de «vivienda social» y «derecho al techo».

Lo que ocultan con un cinismo de campeonato es que su maravillosa Ley de Vivienda es un impuesto encubierto.

Un peaje salvaje que encarece de forma brutal la vivienda libre.

La VPO vasca no la pagan los presupuestos del Gobierno; la pagas tú en el precio de tu piso.

El rodillo del 40%: La obligación que ahoga el suelo

En Euskadi, la normativa urbanística es de las más severas y asfixiantes de toda España.

Cuando un promotor compra suelo urbanizable residencial para hacer una nueva promoción, la ley le impone un porcentaje obligatorio que roza el delirio:

  • En suelo urbanizable nuevo: Te obligan a destinar, como mínimo, el 40% de la edificabilidad residencial a VPO. Cuatro de cada diez pisos.
  • En suelo urbano no consolidado (reformas de barrios o zonas industriales): La reserva obligatoria mínima es del 20%.

Imagínate el panorama: pones tu dinero, arriesgas tu capital, compras el suelo y, por decreto, casi la mitad de lo que construyas tienes que venderlo o alquilarlo a los precios congelados que decide la Administración.

Precios que muchas veces ni siquiera cubren el coste real de los materiales y la mano de obra.

Matemáticas de despacho, ruina de calle

¿Qué ocurre entonces? El promotor no es una ONG.

Si en el 40% de la promoción pierde dinero o se queda a cero, tiene que cargar obligatoriamente todas las pérdidas, los costes del suelo y el beneficio de la operación en el 60% restante.

Es decir: el joven o la familia vasca que compra un piso de renta libre está pagando, sin saberlo, un sobrecoste brutal para subvencionar la VPO del vecino.

El Gobierno Vasco hace política social con el bolsillo del comprador privado. Es un impuesto invisible.

A esto súmale los costes específicos de construir en nuestra región: la falta crónica de suelo plano, los estudios geotécnicos complejos, las exigencias de eficiencia energética que rozan lo absurdo y las licencias municipales que tardan meses (o años) mientras los intereses del banco siguen corriendo.

El resultado: Menos obras y pisos más caros

La consecuencia de esta asfixia es de manual de economía básica: muchas promotoras simplemente deciden no construir en Euskadi porque los números no salen.

Al haber menos oferta de vivienda nueva y la misma demanda, los precios se disparan en Donostia, Bilbao o Vitoria.

Los mismos políticos que crean el problema con normativas imposibles y peajes de aprovechamiento urbanístico son los que luego salen a la manifestación a quejarse de que la vivienda está cara.

Si de verdad quisieran vivienda asequible, bajarían los porcentajes obligatorios, liberarían suelo y dejarían de asfixiar al sector.

Pero es más fácil culpar «al mercado» mientras ellos siguen cobrando las tasas de licencia más caras del país.

Conclusión: En Euskadi no falta suelo ni falta dinero; lo que sobra es cinismo político pagado directamente con los ahorros de tu vida.

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