¿En serio alguien se cree que en Sabin Etxea no vieron venir la puñalada? Que el PNV se ponga ahora de perfil, con cara de no haber roto un plato, diciendo que «no se dieron cuenta» de lo que el PSOE les coló en la Ley de Vivienda, no es solo un insulto a la inteligencia de los vascos; es la prueba definitiva de que o son unos ineptos que no saben leer ni un borrador, o nos están tomando por imbéciles de manual.
Porque, seamos sinceros, el PNV no es un partido de novatos. Saben perfectamente qué firman. Pero cuando toca elegir entre mantener el sillón o defender lo que queda de nuestra soberanía frente a la maquinaria destructiva de Sánchez, prefieren cerrar los ojos, firmar lo que les pongan delante y luego, cuando el desastre ya está servido, salir a pedir perdón. «Ay, es que no nos dimos cuenta». ¡Venga ya!
¿Cómplices o socios necesarios?
Lo que realmente quema no es que les engañen; es que siguen ahí, dándoles oxígeno. Después de todo lo que hemos visto, después de la lista interminable de disparates y el desgaste institucional que estamos sufriendo, el PNV sigue siendo la muleta que sostiene este desgobierno.
¿Cómo se explica que sigan apoyando a quienes han pisoteado nuestras competencias una y otra vez? Cuando apoyaron al PSOE anteriormente, lo hicieron con entusiasmo. ¿Qué ha cambiado? ¿Ahora resulta que les pica la conciencia? La realidad es mucho más cruda: o son cómplices necesarios de esta deriva, o están metidos hasta las cejas en el mismo ajo. El PNV ha decidido que su comodidad vale más que el futuro de Euskadi.
¡Elecciones ya!
Esta legislatura está amortizada, agotada y podrida. Si al PNV le quedara un ápice de dignidad, hoy mismo estarían exigiendo el adelanto electoral. Pero no lo harán. ¿Por qué? Porque saben que las urnas no perdonan la traición.
Y no se equivoquen: que no apoyen al PP en la moción de censura no es una cuestión de «principios», es una cuestión de supervivencia de su propio cortijo. Les da igual España, les da igual Euskadi; solo les importa no perder el control.
Es momento de que dejen de jugar a dos bandas. O están con los vascos, o están con el PSOE. La ambigüedad ya no es una estrategia, es una confesión de parte.
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