El día que Pablo Iglesias y Franco se dieron la mano (y pagaste tú la cuenta)

¿Sabes qué tienen en común un dictador con medallas y un tertuliano con coleta?

Que a los dos les sobra exactamente la mitad del país. Y que los dos pretenden que esa mitad trabaje para mantener su fiesta.

Franco ilegalizaba partidos porque le molestaba la discrepancia.

Hoy Pablo Iglesias pide ilegalizar a la derecha con la misma soltura moral.

Cambian el uniforme por una camisa de franela, pero el guion es idéntico: silenciar al que piensa distinto para que nadie pregunte adónde va el dinero.

Porque esa es la verdadera trampa.

Mientras los mesías de plató juegan a la guerra civil de juguete, en Euskadi la vida real sigue pasando factura.

Ilegalizar ideas es el truco más viejo del mundo para no hablar de lo que te vacía los bolsillos:

  • La asfixia de una fiscalidad foral que castiga al que emprende.
  • La vivienda convertida en un bien de lujo por puro intervencionismo.
  • Chiringuitos ideológicos regados con presupuestos públicos que salen de tu nómina.

El autoritarismo nunca sale gratis.

Da igual si viste de verde oliva o de morado; cuando el poder decide quién tiene derecho a existir políticamente, el ciudadano de a pie siempre termina pagando el pato y perdiendo libertades.

Menos moralistas salvapatrias y más dinero en el bolsillo de quien lo suda.

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