¿Sabes qué es lo mejor de que te metan la mano en la cartera? Que encima te dicen que es por tu bien.
El Gobierno Vasco acaba de anunciar su tercer «proyecto transformador». Suena imponente. Casi místico.
Dicen que van a revolucionar la economía de Euskadi de aquí a tres años. Con tu dinero, por supuesto.
Es curioso. Cuantos más planes estratégicos lanzan, más difícil te resulta a ti llenar el depósito o pagar el alquiler en Donosti.
Se llenan la boca con la «Euskadi del futuro» mientras tú peleas con la Euskadi del presente. Esa que no cuadra cuentas.
La administración es experta en crear nombres rimbombantes para lo de siempre: regar con subvenciones lo que no funciona solo.
Si un negocio necesita un «plan transformador» del Gobierno para sobrevivir, es que no es un negocio. Es un pesebre.
Mientras ellos diseñan maquetas y firman convenios en salas con aire acondicionado, tú pagas la fiesta.
Venden humo con etiquetas de innovación, pero el humo, por muy vasco que sea, no se come. Ni paga facturas.
Al final, el «mundo al revés» es este: ellos se cuelgan la medalla y tú te quedas con el agujero en el bolsillo.
Menos transformación de despacho y más dejar que el dinero se quede en la cuenta de quien lo suda.
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