Irene Montero lo ha vuelto a hacer. En un alarde de cinismo que roza lo patológico, ha dado la vuelta a la teoría del reemplazo para soltar una bomba: “Ojalá podamos barrer a los fachas con la gente migrante”.
Analicemos la «limpieza» que propone la exministra.
Dice querer combatir el machismo de la «fachosfera» española —una de las sociedades más seguras y respetuosas con la mujer del planeta— importando masivamente a personas de culturas donde la mujer, simplemente, no tiene derechos.
La realidad que el «buenismo» te oculta
Para Montero, el problema es el vecino que vota diferente. La solución, según ella, es traer a quienes provienen de países donde:
- La poligamia es legal: El hombre puede tener varias mujeres, pero ellas son propiedad.
- La Mutilación Genital Femenina (MGF) es ley de vida: Según la OMS y UNICEF, en países como Somalia (98%), Guinea (91%) o Egipto (87%), a las niñas se les arranca el clítoris para anular su placer y controlarlas. ¿Es este el «progreso» que nos va a limpiar?
- El maltrato es estructural: En países de donde proviene gran parte de la inmigración que ella jalea, como Marruecos, el 54% de las mujeres admite haber sufrido violencia de género (datos de su propio Gobierno, el HCP). En Afganistán, bajo el régimen que ella evita condenar con firmeza, la mujer ha sido borrada de la vida pública.
El cálculo electoral más sucio
No es humanidad. Es supervivencia política. Montero sabe que ha perdido el voto de la mujer trabajadora española que tiene miedo de volver sola a casa. Por eso busca un nuevo caladero: nacionalizaciones masivas a cambio de votos.
¿Qué importa si traen consigo culturas donde la mujer es un cero a la izquierda? ¿Qué importa si los índices de agresiones sexuales se disparan? Lo importante es «barrer a los fachas» (es decir, a cualquiera que use el sentido común) con una masa electoral dependiente de sus ayudas.
España es mucho menos machista que cualquier país de los que ella pone como ejemplo de «salvación».
En Contigo Euskadi no vamos a permitir que se venda nuestra seguridad y nuestra cultura del respeto por un puñado de votos. Bienvenidos los que vienen a sumar, pero ni un paso atrás frente a quienes quieren importar el medievo a nuestras calles.
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