Huelga en Euskadi Te equivocas de enemigo (y el Gobierno se ríe en tu cara)

Dime una cosa: ¿De verdad crees que el problema de que no llegues a fin de mes es solo de tu jefe?
Hoy hay huelga general. Miles de personas reivindicando salarios dignos.

La música de siempre: «Empresarios explotadores», «Queremos más». Pero mientras tú gritas frente a la sede de la patronal, hay un señor en un despacho de Vitoria o de Madrid frotándose las manos. Ese «socio» silencioso que no trabaja, no arriesga, pero se lleva el 40% de tu esfuerzo sin despeinarse.


Si hoy vas a hacer huelga, asegúrate de que el cartel apunte a la ventanilla correcta: la de Hacienda y la Seguridad Social.
El empresario: El cajero automático del Estado.


Hablemos claro. El gerente de tu empresa no es tu enemigo; es el que aguanta los golpes de un sistema diseñado para ordeñarlo hasta la extenuación.

Por cada euro que tú ves en tu cuenta, tu empresa ha tenido que soltar casi el doble. Entre la Seguridad Social a cargo de la empresa (ese impuesto invisible del que nadie habla) y tus propias retenciones, el Estado se pega un banquete con tu nómina cada mes.

¿Quieres cobrar 200 euros más? Tu jefe tendría que pagar casi 400 extra para que a ti te lleguen limpios. El problema no es que el empresario no quiera pagarte; el problema es que el Estado hace que contratarte sea un lujo de jeque árabe.
La huelga que nadie se atreve a convocar.

¿Por qué no hay una huelga contra la presión fiscal asfixiante?
Una huelga para que bajen las cotizaciones que impiden que los salarios brutos se conviertan en netos decentes.

Una huelga para exigir que el Gobierno Vasco deje de gastar en chiringuitos y empiece a dejar el dinero en el bolsillo de los vascos.Es muy fácil atacar al que tienes cerca, al que te paga la nómina.

Lo difícil, lo que requiere valentía, es señalar al sistema que ha convertido el trabajo en un castigo fiscal.
En Contigo Euskadi no compramos el relato del conflicto.

Hoy te dirán que la lucha es de clases. Nosotros te decimos que la lucha es de sentido común.
Si el Estado nos quitara un poco menos, tu jefe podría pagarte un poco más y tú tendrías más libertad.

Todo lo demás es ruido para que sigas enfadado con el que te da el empleo mientras los que te fríen a impuestos se van de rositas.

Menos pancartas contra las empresas y más exigencias a los que gestionan tu dinero como si fuera infinito. Porque el bolsillo del ciudadano no da más de sí, y el parche de las ayudas públicas solo es la migaja de lo que antes te han robado.

David Lomeña | Contigo Euskadi

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