¿Te gusta que te den las gracias antes de robarte o prefieres que lo hagan en silencio?
Te lo pregunto porque, según la última joya informativa de El Mundo, la gestión en Euskadi se ha convertido en un arte: el arte de gastar lo que no tienen con el dinero que tú todavía no has ganado.
Nos venden «escudos industriales» y presupuestos faraónicos de miles de millones como si fueran caramelos a la puerta de un colegio.
Pero fíjate bien.
Cada vez que anuncian una «inversión histórica», tú pagas más por el café, por la luz y por respirar.
Ellos se llenan la boca con la «transformación energética» y la «diversificación de las pymes». Suena profesional, ¿verdad?
Casi tanto como un comercial de preferentes en 2008.
La realidad es más cruda: mientras ellos juegan al Monopoly con el presupuesto público, tú haces malabares para llegar a final de mes sin que la inflación te pegue un bocado en el cuello.
Se han olvidado de una cosa básica.
El dinero no nace en las sedes de los partidos en Vitoria o Bilbao. Nace de tu lomo. De tu persiana subida a las siete de la mañana.
Pero claro, es mucho más divertido gestionar lo ajeno cuando no tienes que rendir cuentas a nadie, salvo a las urnas cada cuatro años.
Si crees que estas ayudas millonarias van a bajar el precio de tu cesta de la compra, tengo un puente en Portugalete que venderte. Barato.
Aquí la única transformación real es la de tu cuenta corriente: de color negro a un rojo intenso.
La conclusión es sencilla y duele: En Euskadi, cuanto más presume el político de gestión, más fuerte tienes que sujetarte la cartera.
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