En el primer asalto ya dejamos claro que el problema no es que falten pisos, es que sobra demanda. Una demanda que no para de crecer a un ritmo insostenible.
Pero la cosa no acaba ahí. Ahora vamos a meter el dedo en la llaga. ¿Quiénes son los que están engordando esa demanda? ¿Y por qué a ti, que llevas toda la vida aquí, te ponen en el último lugar?
El «Efecto Llamada» y la factura que pagas tú
Cuando un país, o una comunidad autónoma como la nuestra, tiene un sistema de ayudas sociales muy generoso, ocurre lo obvio: se convierte en un imán.
No es solo la llegada masiva de inmigrantes (con todos mis respetos, pero es la realidad), es que a muchos se les garantiza una serie de recursos, incluyendo alojamiento. ¿Y quién crees que acaba compitiendo contigo por ese alquiler o esa vivienda social? Exacto.
El problema no es la persona que busca una oportunidad. El problema es el político que, con una mano, abre las fronteras sin control y, con la otra, subvenciona la vivienda sin pensar en la capacidad de absorción real de su propia tierra.
Bienvenidos todos los que vienen a aportar, a trabajar y a integrarse. Lo que no podemos permitir es que el dinero de tus impuestos se convierta en el ‘sueldo’ de quienes eligen la dependencia frente al trabajo.
Los vascos, «últimos de la fila»: El privilegio de ser de fuera
Y aquí viene el puñetazo en el estómago.
Mientras la demanda crece sin freno por este «efecto llamada», ¿quiénes son los que se encuentran con las puertas cerradas?
- El joven vasco que lleva cinco años currando y no puede permitirse un alquiler en Bilbao.
- La familia vasca que necesita más espacio y ve cómo los precios se disparan.
- El autónomo vasco que paga sus impuestos religiosamente y no encuentra una mínima ayuda para la vivienda.
Para ti, que naciste aquí, que trabajas aquí y que aportas aquí, el sistema tiene pocas soluciones. Te dice que «hay que esperar». Te dicen que «no hay oferta».
Pero para el que llega, con o sin recursos, el sistema se activa. Porque ellos son «votos en potencia» o «buena imagen» para la galería progre. Y tú, que ya estás aquí, eres un voto «seguro» o, peor, un problema que ya conocen.
El cinismo político: La culpa es del casero, no de la gestión
El político no va a decirte: «Hemos creado una demanda artificial». No. Te dirá que los culpables son los propietarios que «especulan» o que el «mercado libre» es el demonio.
Es más fácil demonizar al que tiene un piso en alquiler que admitir que su política de puertas abiertas y ayudas ilimitadas ha reventado el mercado para sus propios ciudadanos.
Esta es la segunda parte de la verdad. En la siguiente, hablaremos de cómo los «municipios tensionados» son otra capa de esta cebolla de engaños.
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