¿Te gusta trabajar para pagar la fiesta de otros?
Seguro que sí. Porque eso es exactamente lo que te están pidiendo con las nuevas ocurrencias sobre el alquiler.
Resulta que ahora, si tienes un piso y el inquilino decide no irse, el problema es tuyo. No del Estado, ni de los servicios sociales. Tuyo.
Han decidido que la propiedad privada es un concepto romántico del siglo pasado. Como las cabinas de teléfono o el respeto por el dinero ajeno.
En Euskadi nos llenamos la boca con la palabra «bienestar», pero lo que realmente quieren decir es «bienestar para el que no cumple».
Si eres el que ahorró, el que pidió la hipoteca y el que paga el IBI religiosamente, felicidades: te acaba de tocar el papel de ONG forzosa.
Dos años más de espera. Sin desalojos. Con una sonrisa en la cara mientras ves cómo tu esfuerzo se diluye en la burocracia de un despacho que no sabe lo que es sudar.
Mientras los políticos juegan a ser generosos con el bolsillo de los demás, el ciudadano de a pie se queda con la cara de tonto y la cuenta en rojo.
Es sencillo: si rompes la seguridad jurídica, rompes el mercado. Y si rompes el mercado, el que busca piso hoy, dormirá debajo de un puente mañana.
La gestión política actual no soluciona el problema de la vivienda, solo busca culpables entre los que todavía intentan levantar cabeza.
Conclusión: Un sistema que castiga al que tiene y premia al que ocupa es un sistema que está muerto, aunque todavía no le hayan avisado.
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