Dos descarrilamientos en un mismo mes. Dos.
Uno en Cataluña, otro en Córdoba. Y no, no son noticias de hace 50 años. Son de ahora mismo. Mientras lees esto, los de siempre están preparando el mismo discurso: «investigación exhaustiva», «colaboración total», «lamentamos lo ocurrido».
¿Lamentan qué? ¿Lamentan que tú, el ciudadano que paga hasta por respirar, casi acaba en la UVI por la incompetencia y la dejadez de unos cuantos sátrapas sentados en despachos mullidos?
¡BASTA YA DE FARSA!
¿Para qué pagamos impuestos? Dime.
¿Para que nuestros trenes parezcan atracciones de feria donde la adrenalina se mezcla con el miedo a la muerte? ¿Para que la seguridad sea un adorno que se rompe a la mínima de cambio? ¿Para que una infraestructura vital se convierta en una trampa mortal?
Pagas por sanidad que colapsa. Pagas por educación que adoctrina. Y pagas por un transporte que te pone la vida en riesgo.
La Gran Mentira de la Responsabilidad
Cada vez que hay una desgracia, la misma cantinela: «Ha sido un fallo técnico.» «Un error humano.» «Las circunstancias…»
¡Mentira! Detrás de cada «fallo técnico» hay una inversión que no se hizo, un mantenimiento que se ignoró, una supervisión que brilló por su ausencia. Y detrás de cada «error humano», hay una formación deficiente, una presión inaceptable o unas condiciones laborales lamentables, todo auspiciado por los que mandan.
¿Responsables políticos? ¿Dónde están?
El cargo político en España se ha convertido en un escudo. Hacen y deshacen, gestionan (o mal-gestionan) miles de millones de euros de TU dinero, y cuando la cagan, ¿qué pasa? NADA. Un comunicado, una dimisión «por motivos personales» y a otro puesto, con otro sueldo público. Un cargo que les ampara, no una labor por la que respondan.
¿Hasta cuándo la impunidad?
Estamos hartos de ver cómo el carnicero de la esquina es multado por no tener un papel en regla, mientras el ministro de turno provoca un desastre con vidas humanas en juego y se va de rositas.
Queremos nombres. Queremos caras. Queremos responsabilidades.
Si un médico comete negligencia, va a la cárcel. Si un constructor hace una chapuza, paga con su patrimonio. ¿Por qué un ministro, un consejero, un presidente de ADIF o de RENFE que con su inacción o mala praxis pone en peligro a miles, se va de rositas?
¿Es que nuestra vida vale menos que una tubería mal instalada?
Exigimos que la responsabilidad política deje de ser una broma. Exigimos que la incompetencia tenga consecuencias penales. Porque cuando tus decisiones matan o hieren, ya no es solo política, es justicia.
David Lomeña | Contigo Euskadi
ESPACIO PATROCINADO POR ROOMING EUSKADI:


