¿A ti cuántos euros de los fondos europeos te han ingresado en la cuenta este mes?
Déjame adivinar: cero.
Exactamente los mismos que el mes pasado.
Y los mismos que el que viene.
Pero oye, no te preocupes. No te sientas mal.
El dinero a Euskadi ha llegado. Vaya si ha llegado.
Montañas de millones regadas desde Bruselas bajo la promesa sagrada de «rescatar el tejido productivo» y «modernizar nuestra economía».
Sonaba precioso en el telediario. Casi poético.
Hasta que abres la letra pequeña de los datos oficiales y te llevas el bofetón de realidad:
Más de cuatro de cada diez euros de esos fondos no han rozado jamás a una empresa de verdad.
Ni a un autónomo con el agua al cuello.
Ni a un solo comercio de barrio.
Se los ha quedado la propia Administración.
Más del 40% del pastel se ha evaporado directamente en alimentar su propia maquinaria: sus despachos, sus comisiones, sus consultorías a medida y sus informes que jamás leerá nadie.
Es una jugada maestra.
Europa manda dinero para evitar que el barco se hunda… y los capitanes se lo gastan en tapizar de terciopelo su propio camarote.
Mientras tanto, tú sigues haciendo números de circo para pagar la cuota de autónomos, la factura de la luz disparada, el IVA trimestral y el alquiler del local.
A ti te dicen que «no hay margen» para aliviarte los impuestos.
A ti te exigen «arrimar el hombro por el bien común».
Y cuando cae del cielo la mayor lluvia de millones de la historia, casi la mitad se la autoasignan ellos mismos para engordar la burocracia que luego te asfixia a papeleo.
Para ellos, la fiesta y los brindis.
Para ti, la notificación de apremio de la Hacienda Foral.
Si esto no te parece un insulto a la cara de cualquiera que levante una persiana cada mañana en Euskadi, nada lo hará.
La próxima vez que veas a un político llenarse la boca con palabras como «resiliencia» o «transformación», no te fijes en su corbata.
Mira tu bolsillo.
Porque cada euro que ellos se quedan para mantener su estructura es un euro menos para la gente que de verdad suda para que este país no se caiga a pedazos.
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