El veredicto de la calle: «Presidente, se te recordará como el cabrón que traicionó a TODA España

Hay verdades que no se dicen en el Congreso. Se cantan. Y cuando se cantan en el Carnaval de Cádiz, con el alma en la garganta y frente a todo un país, ya no hay campaña de marketing que las tape.

La comparsa ‘El corazón de Cádiz’ acaba de firmar el acta de defunción moral de este Gobierno. Sin filtros. Sin miedo. A la cara.

«Tu legado siempre se recordará»

El presidente quiere pasar a la historia. Quiere estatuas y capítulos en los libros de texto. Pero la historia no la escriben sus asesores de imagen, la escribe la juventud que se envenena en casa de sus padres porque no tiene opción a una vivienda digna mientras él mira hacia otro lado.

La escriben las mujeres que hoy miran por encima del hombro porque hay violadores en la calle gracias a sus leyes de cartón piedra.

La escribe la clase proletaria, la que madruga, la que ha visto cómo el «gobierno de la gente» es en realidad el títere de las inmobiliarias y los bancos.

Valencia: La herida que no cierra

Pero lo que no tiene perdón de Dios, y lo que Cádiz le ha gritado al mundo, es su decencia de hojalata:

«Porque los vivos y los muertos, los de Valencia, te importan menos que tu guerra por el sillón».

Duro. Cruel. Real. Mientras el barro aún cubría las calles y el dolor ahogaba a miles de familias, la prioridad era el decreto, el cargo, el sillón. Eso no es política, eso es falta de humanidad. Y eso se queda grabado en las entrañas de un pueblo que no olvida.

El final del camino

Presidente, no se preocupe por sus hazañas. Se le recordará. Vaya si se le recordará.

Se le recordará con el corazón y con las entrañas. Se le recordará por haber resucitado fantasmas para tapar sus propias vergüenzas. Y, sobre todo, se le recordará por lo que cantó esa comparsa en un grito que ya es de toda España:

«Como un perro sin honor… y el cabrón que traicionó a España».

En Contigo Euskadi lo tenemos claro: el respeto no se compra con votos pactados con quienes odian a este país. El respeto se gana con integridad, y aquí, de eso, hace mucho que no queda nada en la Moncloa.

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