¿Te gusta pagar más por vivir en un piso más viejo y más lejos?
Supongo que no. A nadie con dos dedos de frente le gusta que le atraquen cada mes con el recibo del alquiler.
Pero claro, aquí en Euskadi somos muy de «lo nuestro». Y lo nuestro, según los genios que calientan el asiento en Vitoria, era aplicar una Ley de Vivienda que prometía el paraíso y nos ha traído el desierto.
Gonzalo Bernardos lo ha dicho clarito, sin anestesia: la Ley de Vivienda es la principal causa de que los alquileres hayan subido de forma espectacular.
No ha sido el cambio climático. Ni el precio del chuletón. Han sido ellos.
Han asustado tanto al propietario que el que tiene un piso prefiere cerrarlo, venderlo o meterlo en alquiler turístico antes de jugársela a que un «vulnerable» (protegido por decreto) le deje de pagar y no pueda echarlo ni en tres vidas.
Resultado: Menos pisos en el mercado. Y como hay menos, los cuatro que quedan valen su peso en oro.
En Euskadi nos encanta llenarnos la boca con la justicia social mientras el ciudadano de a pie, el que lleva la chapela bien apretada y madruga para levantar el país, ve cómo el 50% de su sueldo se va en un zulo de 40 metros.
La burocracia vasca es experta en crear problemas donde no los había para luego venderte la solución con nuestro propio dinero.
Si querían bajar los precios, lo han hecho de pena. Si querían hundir el mercado, les ha salido niquelado.
Conclusión: En política, la buena intención es el envoltorio de la incompetencia que siempre termina pagando tu cuenta corriente.
ESPACIO PATROCINADO POR PINTURA DE FACHADAS E INTERIORES PINTA MÁS:


